
Inseguridad alimentaria: enero expone el costo del desperdicio en el Perú
La “cuesta de enero” revela cómo una mala gestión alimentaria afecta competitividad y bienestar social.
El comienzo del año sitúa nuevamente a enero como un periodo de alta presión económica para millones de hogares. El alza de precios posterior a las festividades, conocida como la “cuesta de enero”, afecta hoy a más de 13 millones de peruanos y tensiona la planificación del presupuesto familiar. Sin embargo, el debate no puede limitarse a lo coyuntural: enfrentar el hambre es también una decisión estratégica que incide directamente en la competitividad del país.
El contraste resulta evidente. Mientras las familias reducen su consumo, el Perú pierde más de 12 millones de toneladas de alimentos cada año. Este volumen no responde a una insuficiencia productiva, sino a deficiencias en la gestión logística y en los mecanismos que conectan el excedente con la demanda social. La evidencia demuestra que la solución sostenible no pasa por producir más, sino por gestionar mejor lo que ya existe.
Desde una perspectiva económica, la inseguridad alimentaria debilita la estabilidad nacional. Avanzar hacia un sistema alimentario eficiente es fundamental para proteger el capital humano. Ningún país puede aspirar al desarrollo si su población ve comprometida su nutrición desde etapas tempranas; asegurar una alimentación adecuada es proteger la capacidad productiva de la sociedad.
No obstante, el rescate de alimentos es únicamente el primer componente técnico del cambio. La visión hacia el 2026 busca ir más allá del aprovechamiento de recursos y consolidar capacidades permanentes en las organizaciones sociales de base. Sin este enfoque comunitario, el rescate carecería de sostenibilidad a largo plazo.
La experiencia demuestra que romper los ciclos de pobreza requiere fortalecer la autogestión local. Sin comunidades capacitadas y empoderadas, la logística del rescate pierde impacto. Es el trabajo coordinado en comedores y ollas comunes el que permite transformar los alimentos recuperados en un instrumento de cambio social duradero.
Este modelo confirma que, con procesos definidos y visión de largo plazo, es posible equilibrar el excedente del mercado con las carencias de los hogares. Integrar la seguridad alimentaria como un eje de estabilidad nacional es clave para cualquier estrategia de desarrollo sostenible.
La meta es profesionalizar el aprovechamiento de recursos en toda la cadena comercial, combinando eficiencia logística y compromiso humano. No se trata de asistencialismo, sino de construir un ecosistema que permita a las comunidades avanzar hacia la autosuficiencia.
El inicio del año plantea la necesidad de consolidar alianzas que permitan que el rescate de alimentos se convierta en una práctica estándar en el país hacia el 2026.
Acerca de Banco de Alimentos Perú
El Banco de Alimentos Perú (BAP) es una organización privada sin fines de lucro que se fundó el 2014 cuya misión es luchar contra el hambre y el desperdicio de alimentos de manera pionera y sin precedentes en 23 regiones del país; rescatan alimentos y productos que han perdido su valor comercial y que se encuentran aptos para el consumo o uso humano para distribuirlos de manera efectiva y sostenibles a diversas comunidades en situación de vulnerabilidad alimentaria en todo el Perú, como comedores populares, ollas comunes, albergues, asilos, asentamientos humanos, colegios, entre otros.










