
China mantiene sus compras de petróleo iraní pese a nuevas sanciones de EE.UU.
Las nuevas sanciones de EE. UU. buscan limitar los ingresos petroleros de Irán, pero China mantiene su papel como principal comprador.
China mantiene su papel central en el comercio de petróleo iraní pese al nuevo paquete de sanciones anunciado por Estados Unidos para reducir las fuentes de ingresos de Teherán. El país asiático absorbe hasta 90% de las exportaciones petroleras de Irán, lo que convierte a su mercado en un factor clave para la capacidad de Teherán de sostener sus ventas de crudo.
La presión de Washington busca dificultar las operaciones que permiten comercializar ese petróleo al margen de las restricciones estadounidenses. Las medidas alcanzan a 60 entidades, personas y embarcaciones vinculadas con redes que, además de actividades relacionadas con tecnología nuclear y misiles, participan en la generación de ingresos petroleros.
Refinerías independientes mantienen el flujo
Una parte importante de las compras chinas pasa por refinerías independientes conocidas como “refinerías tetera”. Estas instalaciones pueden recurrir a intermediarios y mecanismos destinados a ocultar el origen del crudo o modificar su identificación para sortear las sanciones de Estados Unidos.
El peso de China en este circuito se hizo más evidente en mayo de 2026, cuando el Ministerio de Comercio chino instruyó a empresas nacionales y grandes refinerías a ignorar las restricciones estadounidenses dirigidas contra algunas de estas instalaciones. Para el mercado energético, la posición de Pekín reduce el impacto potencial de las sanciones sobre las exportaciones iraníes.
El petróleo se convierte en un punto de tensión comercial
Pekín rechazó las medidas estadounidenses y defendió que su cooperación económica con Teherán se desarrolla dentro del derecho internacional. La postura adquiere relevancia para el mercado petrolero, ya que una reducción significativa de las compras chinas podría limitar uno de los principales canales de exportación de Irán.
Al mismo tiempo, China busca preservar sus relaciones comerciales con otros grandes productores de Oriente Medio, incluidos Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. El escenario plantea así un equilibrio para Pekín: mantener el acceso al crudo iraní y, al mismo tiempo, evitar un deterioro de sus vínculos económicos con otros actores energéticos de la región.










